Especiales
El vuelo del “Plus Ultra”
martes, 10 de febrero de 2026
A 100 años de la hazaña aeronaval que unió España con Argentina, con un profundo significado técnico, geopolítico y simbólico.

Surgió así el proyecto de unir la Península con el Río de la Plata a bordo de un hidroavión bimotor Dornier Wal, bautizado "Plus Ultra" (Más allá, en latín). Con 17 metros de largo, 2 de alto y 23 de envergadura, la unidad contaba con dos motores de 450 caballos para accionar dos hélices (tractora e impulsora), que le permitía alcanzar una velocidad máxima de 180 kilómetros por hora.

La aeronave fue acondicionada especialmente para el cruce, ampliando su capacidad de combustible e incorporando modernos instrumentos de orientación como el sextante, con nivel de burbuja, y un radiogoniómetro para detectar señales de radio costeras.
“El plan original preveía bajar por el Atlántico hasta Buenos Aires y luego cruzar a Santiago de Chile, subir hasta Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela, para finalmente regresar a España”, detalla el Capitán de Navío VGM (RE) Juan José Membrana, actual Presidente del Instituto Aeronaval, una asociación civil sin fines de lucro que trabaja con el apoyo de la Armada en la divulgación histórica de la Aviación Naval.
Con el visto bueno del Rey Alfonso XIII y del Presidente del Consejo de Ministros, Miguel Primo de Rivera, el 22 de enero de 1926 el "Plus Ultra" partió desde Palos de la Frontera, en la provincia de Huelva, Andalucía. La decisión inscribía a la empresa dentro de una larga tradición de exploración española, ya que desde ese mismo puerto había zarpado la expedición al mando de Cristóbal Colón el 3 de agosto de 1492.

La tripulación del avión estuvo integrada por el Comandante Ramón Franco, piloto y alma mater del desafío; acompañado por el Capitán Julio Ruiz de Alda, quien ofició de navegante; el Teniente de Navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada. En simultáneo, la Armada Española dispuso dos buques de apoyo --el crucero “Blas de Lezo” y el destructor “Alsedo”-- encargados de brindarles soporte logístico.
Sobre los detalles del viaje, el Capitán Membrana describe que cada etapa del raid insumió entre 10 y 12 horas continuas de vuelo, lo que demandó agilidad física y entereza mental por tratarse de una aeronave de cabina abierta, expuesta al viento, la lluvia y el frío: “No existía la posibilidad de vuelo autónomo, lo que obligaba al piloto a mantener los controles de forma permanente”, precisa.
Luego de parar en Las Palmas de Gran Canaria (España) y Praia (Cabo Verde), el "Plus Ultra" alcanzó Brasil pasando por las islas Fernando de Noronha, Recife y Río de Janeiro. Por último, tras una escala en Montevideo (Uruguay), arribó a Buenos Aires el 10 de febrero. En total, la travesía se extendió por 19 días y 10.270 km; con 59 horas y 39 minutos de vuelo efectivo.

Recepción y regreso
Pese al calor agobiante, miles de vecinos presenciaron el amerizaje del "Plus Ultra" sobre la Costanera Sur. Los cuatro valientes fueron recibidos por el entonces Ministro de Marina, Almirante Manuel Domecq García, en un clima de ovación y entusiasmo popular. Más allá de la proeza técnica, el arribo simbolizó la conexión de dos continentes mediados por el Atlántico. Una epopeya única de tradición y coraje.
En seguida, la comitiva se dirigió hasta Plaza de Mayo para reunirse con el Presidente de la República, Marcelo T. de Alvear, quien los invitó a asomarse por los balcones de la Casa de Gobierno y saludar a la multitud.

Franco y Ruiz de Alda describieron así su llegada a la Argentina en “De Palos al Plata”, el libro publicado en 1926 que reconstruye sus vivencias: “Por las mañanas, tenemos que dedicar varias horas para recibir las delegaciones de los pueblos, que nos traen placas de oro, medallas y pergaminos. A cambio de ellas, tenemos que firmar multitud de retratos que conservarán en alejadas provincias, como recuerdo de nuestro vuelo”.
Los festejos siguieron e incluyeron agasajos, conferencias, viajes a ciudades del interior, entrevistas con la prensa y recepciones. El Mayor Pedro Zanni y el Capitán de Corbeta Marcos Zar, glorias de la aviación nacional, fueron algunas de las figuras de la época que ofrecieron su reconocimiento a la tripulación. Sin embargo, ese entusiasmo inicial se vería algo alterado con el correr de los días.
El 21 de febrero, mientras la comitiva se encontraba en Mar del Plata, el Comandante Franco recibió la orden del Gobierno español de concluir la expedición y ceder el avión como prenda de amistad entre España y Argentina, modificando el plan original de retornar por aire a España.
Con sentimientos encontrados, los aviadores regresaron a la capital porteña, desde donde se embarcaron a bordo del crucero ARA “Buenos Aires” rumbo a Europa. Arribaron a España en la mañana del 5 de abril de 1926, siendo recibidos por el Rey en una caravana de festejos que iba desde Huelva hasta Sevilla.
Por su parte, el buque de la Armada Argentina permaneció en el viejo continente, teniendo la oportunidad de inaugurar, con Alfonso XIII a bordo, el primer puente articulado construido sobre las orillas del río Guadalquivir.

Un compromiso fundamental
En Buenos Aires, el avión fue exhibido en la muestra anual de la Sociedad Rural Argentina de 1926 y luego enviado a la Isla Maciel, donde permanecería hasta que se construyera un cobertizo para su resguardo. Frente a la demora de esas obras, el Ministro de Marina Domecq García designó al Capitán Zar como responsable del hidroavión y, desde entonces, la Armada Argentina asumió un compromiso fundamental con el cuidado de la unidad.
“Este tipo de hidroavión no era desconocido para la Armada, de hecho, la Aviación Naval contaba con tres unidades operativas del mismo modelo, incorporadas en 1923. Por eso la decisión de Zar fue desmontar el avión y trasladarlo por ferrocarril hacia los hangares de Dornier Wal, en la Base Aeronaval de Puerto Belgrano”, explica el Capitán Membrana. Allí se mantuvo hasta que en 1936 fue reubicado en el Museo de Transportes de la ciudad de Luján (actualmente parte del Complejo Museográfico Provincial “Enrique Udaondo”), gracias a las gestiones directas entre Enrique Udaondo, por aquel entonces Director del museo, y el ya Capitán de Navío Marcos Zar, por entonces Jefe del Servicio de Aviación Naval.
Aunque existe el mito de que la aeronave fue utilizada operativamente en tareas de correo, el mismo Zar dejó en claro que siempre estuvo inactivo para evitar “exponerlo al más leve, cuan doloroso epílogo de una emergencia que lo robara a la veneración perenne de nuestra generación y generaciones futuras”.
El "Plus Ultra" solo abandonó el museo en dos oportunidades: en 1968, para su presentación en la 7º Feria del Campo de Madrid, y en 1985, con motivo de los actos por el 60° aniversario de la hazaña.
Esta última salida incluyó una restauración integral y la confección de una réplica exacta, hoy exhibida en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica, en Cuatro Vientos (Madrid). Con los años, también se sumó otra reproducción funcional que se conserva en el Museo Dornier de Friedrichshafen, Alemania.

La gloria del Águila
Consagrada a nivel internacional, la expedición del "Plus Ultra" se convirtió en referencia de audacia y espíritu de aventura. Su huella trascendió el ámbito aeronáutico, ganándose un lugar en la cultura popular. Así lo demuestran los monumentos levantados en su honor sobre la Costanera Sur de Buenos Aires y La Rábida de Palos de Frontera; o los tributos artísticos dedicados a la empresa, entre los que se incluye la canción “La gloria del águila”, popularizada por Carlos Gardel en 1928.
“La República Argentina fue fiel a la consigna de custodiar a este avión, proporcionando todo lo necesario y manteniendo una conciencia de honor frente al compromiso asumido tras el regalo de España”, subraya el Capitán Membrana. Bajo esta premisa, el rol inicial de la Armada y el trabajo silencioso pero constante del Museo resultaron claves para la preservación de la aeronave hasta nuestros días.
El cuerpo brillante del "Plus Ultra" representa hoy una odisea que retomó el pulso de las grandes travesías atlánticas, proyectándolas hacia el siglo XX. Una auténtica gesta de esfuerzo y valentía que hoy cumple un siglo, reconocida por nuestro país con el compromiso leal hacia su memoria.









