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Mar Adentro

“La medicina naval implica un desafío completamente distinto al ámbito hospitalario”

martes, 21 de abril de 2026

En el Día de la Sanidad Naval, el Teniente de Navío Luciano Dante Rovetta Natoli, repasa su carrera de médico naval y operativo, desenvolviéndose en escenarios complejos como el antártico.

En el Día de la Sanidad Naval, el Teniente de Navío Luciano Dante Rovetta Natoli, repasa su carrera de médico naval y operativo, desenvolviéndose en escenarios complejos como el antártico.
Buenos Aires – El 21 de abril de 1879, mediante un decreto suscripto por el entonces presidente de la República Argentina Nicolás Avellaneda, se creó el cargo de Cirujano Principal en la Armada y se organizó la Sanidad Naval.  


Hoy, 147 años después, el Teniente de Navío Médico Luciano Dante Rovetta Natoli se prepara para regresar al Hospital Naval Buenos Aires “Cirujano Mayor Doctor Pedro Mallo” luego de finalizar la cuarta Campaña Antártica de Verano de su carrera el 7 de abril pasado, con el arribo del rompehielos ARA “Almirante Irízar” a Buenos Aires.  


A bordo del “Irízar” se desempeñó como Jefe del Departamento Sanidad y en estos días retoma su destino naval en tierra, donde continuará desarrollando su especialidad en Traumatología. 


Luciano nació en Córdoba hace 42 años, aunque su historia personal está profundamente ligada a Mendoza. “Nací mientras mis papás estaban en Córdoba, pero cuando era chico volvimos a Mendoza de donde son oriundos. Mis recuerdos, crianza y amigos son de San Rafael”, cuenta el médico, quien asistió a la Escuela de Educación Técnica “Ejército de los Andes”. 


La medicina en su vida apareció como una elección natural. “Mi padre Eduardo es médico, reconozco que el legado familiar tuvo un peso importante al momento de definir mi camino”, explica.  

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Inició sus estudios en la Universidad del Aconcagua y, con el tiempo, encontró su vocación en Traumatología. “Es una rama muy amplia, casi un arte. La combinación entre técnica, práctica y resolución inmediata de problemas me llevaron a identificarme con ese campo, especialmente por la relación directa con situaciones operativas”, asegura. 


Tras recibirse de médico, dio sus primeros pasos en el ámbito prehospitalario y la medicina de altura en Mendoza. Sin embargo, la inquietud por servir al país lo llevó a explorar el camino militar: “Siempre tuve la curiosidad de cómo sería prestar servicio a la Patria desde mi rol profesional”. 


La decisión no fue inmediata, evaluó ingresar tanto al Ejército como a la Armada Argentina y, finalmente, eligió el mar. “La aventura, conocer algo nuevo, la Antártida. Todo eso inclinó la balanza”, señala. 


Ingresó a la Armada en 2014; ese mismo año tuvo su primer contacto con el continente blanco durante una Patrulla Antártica Naval Combinada a bordo del aviso ARA “Suboficial Castillo”.  


“En aquel momento pensé que sería una experiencia única, sin embargo, se transformó en una marca permanente en mi carrera. Dicen que la Antártida se ama o se odia; yo me enamoré”, enfatiza. 


A lo largo de su trayectoria, el Teniente Rovetta Natoli participó en cinco despliegues antárticos: una patrulla inicial y cuatro campañas de verano, las últimas tres consecutivas desde 2023 a 2026. A bordo del rompehielos, consolidó su experiencia como médico en escenarios extremos. 

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“La medicina naval implica un desafío completamente distinto al ámbito hospitalario. No sólo se trata de atender pacientes, hay que garantizar que todo el sistema de sanidad funcione”, detalla. 


“Desde el quirófano hasta la terapia intensiva, cada elemento debe estar operativo antes de zarpar a mar abierto. A eso se suma la imprevisibilidad del entorno: el clima, las distancias y el estado del mar condicionan cada intervención”, explica el Jefe de Sanidad del “Irízar”. 


“La mayor parte de los casos son traumatológicos, lo que me da cierta comodidad, pero siempre hay que estar preparado para lo inesperado”, afirma. 


Durante sus campañas participó en evacuaciones sanitarias y situaciones críticas, donde el trabajo en equipo resulta clave: “Nada se hace solo. Cada especialidad cumple un rol fundamental para que todo funcione”. 


Más allá de lo profesional, el Teniente Rovetta Natoli resalta el componente humano de la vida naval. “La convivencia, el esfuerzo compartido y la distancia de la familia son parte de la experiencia”, asegura, ya que son vivencias no tan frecuentes en el ámbito civil y hospitalario. 

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Mientras estuvo embarcado, en tierra lo esperaban sus padres Eduardo y Lidia y sus hermanos Emiliano y Mariana. “Ese equilibrio entre vocación, familia y carrera es el motor que me impulsa día a día. El reconocimiento y el legado familiar son fundamentales, aunque la distancia a veces sea dura”. 


Hoy este médico naval vive una etapa de balance. Tras sus experiencias antárticas, siente que cierra un ciclo importante en su vida: “La Antártida fue mi hogar durante años. Lo más valioso es haber vivido experiencias personales y profesionales que son difíciles de explicar, son situaciones épicas y hay que vivirlas”. 


La Sanidad Naval mantiene como objetivo principal el cuidado de la salud, la prevención de enfermedades y la preservación de la vida. Ya sea a bordo de los buques, en destinos aeronavales o en el terreno junto a los Infantes de Marina, en hospitales y en escuelas, desplegándose en misiones de paz, en el continente blanco, en tareas de asistencia ante catástrofes naturales y operativos sanitarios en zonas vulnerables.  


Cada 21 de abril, la Armada Argentina rinde homenaje a los hombres y mujeres de la Sanidad Naval, y a quienes a lo largo de la historia han dedicado su vida a proteger la de todos los marinos argentinos. 

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